Willie Colon

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Willie Colon, Bronx-born of Puerto Rican grandparents, has fused his musical talent, his passion for humanity, and his community and political activism into an extraordinary, multifaceted career.

His achievements in all his activities are widely recognized. As musician, composer, arranger, singer, and trombonist, as well as producer and director, Colon still holds the all time record for sales, he has created 40 productions that have sold more than thirty million records worldwide.

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Willie Colón… El gran varón

Willie Colón… El gran varón

Colprensa, El País Cali
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

El artista que le puso el sonido estridente de la urbe con su trombón a la salsa, cumplió 60 años. La leyenda viva del Bronx habló con El País.

El sonido fuerte al interpretar el trombón, demasiado estridente para sus críticos de finales de los años 60, resonaba como un grito herido de los latinos en el corazón del Bronx. Para los veteranos, era simple: un forastero que no sabía tocar este instrumento, por lo que empezaron a llamar a ese desconocido ‘El malo’.
Y resulta que el malo no sólo se volvió bueno, sino buenísimo. Metamorfosis que empezó desde el mismo 28 de abril de 1950 cuando William Anthony Colón Román nació con la genética musical boricua, heredada de sus padres puertorriqueños, William, un obrero de fábrica, y Aracelly, una ama de casa, pero en el barrio latino del Bronx de Nueva York.
Fue ahí donde de niño creció arrullado por los ritmos populares puertorriqueños en la voz de Toña, su abuela paterna, que sin buscarlo, le cultivó el oído hasta llevarlo muy temprano a estudiar trompeta y clarinete. Pero su admiración por Mon Rivera, a sus 14 años lo hizo inclinarse por el trombón, con un sonido fuerte y agresivo con el que Willie Colón condimentó ese movimiento musical, social y político llamado salsa en la Nueva York de la década de los 60.
Su apelativo de ‘El malo’ caló perfecto también para identificar al naciente compositor que le ponía música y ritmo a ese mundo de marginalidad y rebeldía del ghetto en el que había crecido. O mejor, en el que había sobrevivido.
Los rostros de delincuentes y prostitutas, en medio de la pobreza y la miseria, aparecían en las historias de sus canciones, como ‘Lo mato’, música muy criticada en su momento porque desde las carátulas hasta las letras supuestamente incitaba más a la violencia.
Aunque se lanzó a las calles a hacerse un espacio en medio de estrellas con apenas 15 años, en 1965, dos años después Jerry Masucci y Johnny Pacheco, los gestores de la Fania All Stars, la orquesta emblemática de la salsa de Nueva York, lo llevaron para formar la mancuerna más famosa de este movimiento musical: Héctor Lavoe y Willie Colón.
Fueron ocho años y 14 discos de esta dupla que dejaron éxitos como ‘El malo’, su primer gran éxito en 1967, y el pico más alto en la historia de la salsa, al combinar el tono pícaro e hiriente de Lavoe con la melodía tradicional boricua, marcado por el sonido fuerte del mundo urbano de Nueva York.
La imagen de malo y de vago que Willie alimentó con sus letras y sus carátulas, les trajo fama, pero también muchos líos porque todo el mundo quería pelear con ellos en todas las esquinas.
Como ocurrió una vez en Connetticut, Estados Unidos. “Allá viven campesinos, gente muy seria y muy religiosa y Héctor se puso a decir unos chistes colorados y ofendió a la gente y nos cayeron encima. Él quiso saludar a la delegación diciéndole ‘blanco blanco’ y eso no cayó bien y se subieron al escenario y le dieron a Héctor por la cabeza, por la espalda, lo hirieron en la cara y a mí me torcieron un tobillo. A veces el sentido del humor de Héctor la gente no lo entendía, y si se estaba poniendo contento, se le iba la mano”, recordó Colón en entrevista con El País.
Sobre una supuesta competencia para ser el más malo de los dos, Colón dice hoy: “Todo depende. Héctor Lavoe tenía mucha malicia, mucha labia, pero cuando se metía en un lío, siempre me tocaba sacarlo de allá”, dice.
Aunque el binomio Lavoe-Colón se disolvió en 1974, seguirían unidos por una entrañable amistad y una relación profesional en la que Colón siguió siendo el productor de los discos de Lavoe. Sólo la muerte de Héctor separó este matrimonio musical. Duelo que le fue muy difícil de asimilar.
“Yo estaba de gira en Europa, me dijeron antes de salir a tocar en un teatro al aire libre en Sevilla, España. Después del segundo tema tuve que parar porque como decimos nosotros, ahí fue que se me cayó el veinte y no pude seguir. Le dije a todo el mundo y pedí disculpas, me tomé un descanso y luego le dediqué el resto del concierto a Héctor. Lo peor era que yo no podía regresar a Nueva York, no pude ir a su velorio ni al entierro, le escribí una carta como en señal de duelo en la que le pedía disculpas por no estar allí. Cuando el Congreso de Puerto Rico me hizo un reconocimiento pedí que le hiciéramos un monumento, el Alcalde de Ponce nos consiguió un lugar (y allí llevamos sus restos)”, dice de su amigo entrañable, Lavoe.
En 1977, Willie Colón se unió a otro hito de la salsa, el juvenil Rubén Blades y crearon lo que se ha llamado el movimiento salsa conciencia, por presentar un proyecto musical de alto contenido sociopolítico, cuyas crónicas urbanas con letras de Blades y sonido de Colón, logró un éxito tan estridente como el logrado con Lavoe.
Con él logró éxitos tan importantes como ‘Siembra’, cuyo concierto para celebrar los 25 años del mismo los volvió a reunir y a desunir: se pelearon y hasta se demandaron por US$115.000 que Colon argüía que Blades no le pagó. Después de un largo proceso, los artistas conciliaron y hoy ninguno de los dos habla de ese tema.
Su línea de salsa con contenido social, lo llevó al ejercicio político y labor humanitaria, con altos cargos en favor de los derechos de la comunidad latina en Estados Unidos como el de asesor en asuntos de la comunidad latina y asistente del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg.
Como activista político y defensor de los derechos humanos ha recibido muchos premios, como el CHUBB, la más alta condecoración política de la Universidad de Yale, que comparte con John F. Kennedy y Jesse Jackson, dos doctorados Honoris Causa en Letras Humanas y en Sociopolítica, así como reconocimientos conferidos por presidentes, altos mandatarios y organizaciones como CARE, EPA y el Vaticano, del papa Juan Pablo II.
Aunque ha dicho que va más a México y a Colombia porque el Puerto Rico suyo es el que está en Nueva York, el cantante piensa comprar una casa en la isla boricua porque no soporta los inviernos en Estados Unidos.
El artista que ha grabado más de 40 álbumes, que suman más de 20 millones de copias vendidas por lo que ha recibido 15 discos de oro, cinco de platino y once nominaciones para los premios Grammy, es muy reservado de su vida privada, pero se sabe que se casó a los 18 años con Marina Dávila y admite que fue un error casarse tan joven.
De esa unión queda su hijo mayor, William Jr., hoy Policía en Nueva York. De su actual esposa, la irlandesa Julia Craig, tiene tres hijos, Diego, Miguel, quien toca la trompeta, y Antonio. Y podría decir que un quinto hijo es su sobrino Joe, a quien adoptó cuando falleció su hermana Cynthia, uno de los dos golpes duros que le ha dado la vida, pues su hermano mayor, William, también falleció siendo adolescente.
Compartir en familia es uno de sus pasatiempos favoritos, además de navegar, programar computadores y volar aviones, pues es piloto. Incluso, siempre llevaba su orquesta completa a sus conciertos, pero desde que empezaron las normas de seguridad aérea en Estados Unidos, sólo vuela por diversión, en viajes que lo han llevado a Canadá, Brasil y Puerto Rico.
Hoy, a sus 60 años, el Willie Colón que empezó siendo ‘el malo’, pero que se volvió uno de las mejores leyendas vivas de la música.

WILLIE Y SUS LLAVES
¿Willie Colón, cómo se siente un día antes de cumplir 60 años?
Me siento bien, contento, muy agradecido de todo lo que he podido vivir, recuerdo tantos amigos que ya no están, entonces me siento dichoso y con la buena fortuna de estar vivito y coleando, en contacto con la gente y tocando, ese es un regalo grande y le doy gracias a Dios por eso.
¿Qué diferencia hay entre el chico de 17 años criticado porque tocaba el trombón muy fuerte y el Willie Colon de hoy?
No mucho, para ser un viejo de 60 años son bastante inmaduro todavía y creo que soy más discreto, vivo más emociones como ser padre, ser abuelo y bisabuelo, uno puede saborear más la vida, por naturaleza uno se calma y se comporta como Dios manda, pero en espíritu sigo siendo rebelde y eso lo reflejo en mi música y en la política, me gusta estar activo, estar vigente y contribuir a lo que está pasando.
¿Cuáles son sus mejores recuerdos en Cali de tantas veces que ha venido?
Tengo fotos allá de donde se ve solo un mar de gente, chiquitos, grandes, adolescentes, abuelos, hombres, mujeres y nunca hemos tenido ningún problema y la gente es muy tranquila, todo el mundo conoce mi música, no importa qué tema sea, llega un momento que ya no puedo cantar porque todos tararean las canciones y eso llena mucho, que conozcan su trabajo y lo apoyen así.
Cada vez que voy a Cali me da mucho placer estar allí. Eso es algo que no sucede ni en el mismo Puerto Rico ni en Nueva York. El caleño es muy especial y la industria de la salsa le debe mucho al caleño porque cuando ha estado por debajo, los caleños nunca la sueltan, no la abandonan.
-¿Ha salido a rumbear en Cali?
Sí, en mis tiempos he rumbeado por ahí.
-¿Cuál ha sido su concierto más memorable alrededor del mundo y porqué?
El de los 500 años del descubrimiento de América en 1992 en Washington. Ese día cantamos como a 500.00 personas.
-¿Cuál es el sitio más lejano del planeta a donde le ha llevado su música y cómo lo recibió el público?
Japón. También hemos tocado en el Este de Europa, pero lo de Japón fue lo más raro porque son superfans, pero no entienden la letra, les gusta la música pero no sé porqué.
-¿Qué fanático o fanática le ha asombrado en su vida artística?
Me han mandado joyas, sortijas, flores, licores, champaña, pero sobre todo la gente que quedaban afuera del hotel donde me hospedaba, pero las que me seguían en ese tiempo ya se están retirando.
-Esas peleas de Héctor y usted con el público como que sucedían a cada rato ¿no?
Bueno, en esa época era muy chamacos y como las carátulas nuestras invitaban a eso, había grupos de jóvenes que se paraban al frente del escenario y nos desafiaban, comenzaban a retarnos. Una vez nos presentamos en Shira, donde grabamos con la Fania All Stars, llegaron unos chicos a desafiarnos y Héctor y yo terminamos tirando la tarima encima de la gente como en las películas de vaqueros.
-¿Recuerda el instante en que Johnny Pacheco los presentó?
Bueno, no es como en la película (‘El cantante). Yo conocí a Héctor antes de que Pacheco nos presentara y yo hablaba español, pero en la película yo le digo a Héctor que no entiendo nada de lo que me habla. Nosotros tocábamos en un barrio del Bronx en el mismo edificio por casualidad. Yo tocaba en un club en el segundo piso y él en uno de los altos, en Ponceños Social Club.
Esa fue la primera vez que yo escuché a la banda de Héctor tocando. Como eso era como una fábrica, teníamos que ver quién tocaba más duro porque se sentía la onda y era una competencia muy fuerte, hasta que (Johnny) Pacheco dijo: ‘¿Bueno porque no ponemos juntos a tocar a Héctor Lavoe y a Willie Colon?’. A mí no me gustó la idea ni a Héctor tampoco, pero él nos convenció y Lavoe dijo, ‘bueno, hago la colaboración sólo por este disco porque ustedes están muy flojos’, pero hicimos esa grabación (El Malo) y la mancuerna Willie Colón y Héctor Lavoe duró ocho años y después seguí siendo el productor de sus discos en solitario.
Pero en el 83 se volvieron a encontrar para grabar ‘Vigilante’…
Sí, sí, pero Héctor ya no era tan campesino, tan jíbaro, ya conocía el movimiento de todo, estaba más maduro, pero nuestra relación no cambió mucho porque todo el tiempo nos estábamos viendo y trabajábamos en el estudio de grabación y manteníamos una amistad.
-¿Cómo hizo para no caer en ese mundo de drogas, mujeres y vida bohemia que rodea siempre a los artistas?
Muy difícil. Era una tentación permanente, pero nadie aprende de cabeza ajena, por más consejos que tú le des a la juventud, es difícil que te escuchen porque es un placer y una gratificación instantánea, pero es pasajera, y los que han cojido ese sendero no llegan a viejos. Mira talentos increíbles como Héctor, Ismael Rivera y los que se nos fueron por la droga y algunos que pudieron sobrevivirla, pero perdieron tantos años de tener éxito y que superaron el vicio como llegaron a lo que podían llegar.
-El otro dúo famoso suyo fue con otro cronista urbano como Rubén Blades. ¿Cómo fue esa relación?
La mancuerna con Rubén Blades fue muy diferente. Con Héctor fuimos familia y fuimos juntos como hermano explorando el mundo. Pero Rubén es un hombre muy organizado, más premeditado, un tipo educado y venía con su agenda lista ya: sabía lo qué quería y para dónde iba y hasta más de lo que yo sabía, porque yo hago mis cosas más por instinto, no soy de planes a largo plazo, entonces fue una mancuerna más fría; muy buena pero enfocada en las confluencias políticas del momento.
-Pero les fue muy bien…
Reconocí la manera como escribía Rubén, era lo que yo trataba de traer rompiendo el formato, no solo puro coro y algo de soneo, pero él venía con una libreta de muchas canciones, con buen vocabulario y muchas historias. A base de eso trabajamos, había mucha magia, porque yo hacía lo del ritmo, de la calle y lo que aprendí de la vida a las malas y Rubén tenía un concepto académico. Yo fui el motor y él fue el coche, pero fuera de la relación de trabajo nunca compartimos tiempo.
- ¿Qué significa que le digan el arquitecto de la salsa urbana?
Me agrada, es una flor, cuando hay artistas como Eddie Palmieri, Joe Cuba, Rubén Blades, Bobby Rogers, Ricardo Ray, Tito Puente, que fueron los hombros en los que yo me pude subir y con quienes yo aprendí muchísimo. Tuve mucha suerte de encontrarme personas así.
-Sus primeras etapas en la música fueron como cronista urbano latino, historias que estaban en la calles del Bronx, pero como solista ya se mostró más romántico. ¿Cómo dio ese giro?
Quería hacer algo diferente a lo que había hecho con Héctor y con Rubén. Yo andaba siempre con mil libreticas donde tenía composiciones como Juancito, Nueva York, Sin poderte hablar, Tiempo pa’ matar y temas instrumentales, y lo presentaba a alguna gente de disqueras, pero no convencía porque les parecía demasiado dulzón para estos tiempos, pero cuando Rubén se fue, saqué esas libreticas y grabé y sorprendentemente ‘Sin poderte hablar’ fue un batazo. Eso me dio la credencial y la credibilidad para que las disqueras tuvieran más confianza para apoyarme más en mis proyectos como solista.
- Recordemos cuando grabó con Celia Cruz…
Cuando supe que Celia Cruz venía a cantar a la Fania, le dije a Masucci, ‘me gustaría grabar con ella’, pero más como una broma, pero él lo tomó en serio y me dijo: ‘¿De verdad? y le preguntaron y ella aceptó y pensé: ‘Qué voy a hacer ahora, ella ya era una superestrella y cantaba más música cubana que salsa’, sentí mucho temor, estaba nervioso. Cuando nos sentamos a escoger material y a explicarle cada tema, Celia era tan segura de ella que no tenía ego para el trabajo, su manera de trabajar era muy profesional y generosa. Yo que era un chamaco de 20 y pico años, me dio todo el respeto y el apoyo que necesitaba para ser su productor. Incluso, escogí un tema como ‘Usted abusó’, que era un ritmo como brasilero con unos acordes raros para ella, y me dijo: ‘Ay Willie, yo no puedo cantar eso’, y le dije, bueno, de todas maneras, vamos a hacerlo y ese fue el que mejor salió.
- ¿Le ve futuro a la salsa con el auge del reggaetón?
Si la manejan bien, sí. Hay algo hoy y es que todo el mundo graba con estudios en su casa y porque desde que bajó las multinacionales la salsa ha sufrido mucho y eso es lo que ha hecho que la salsa esté en decadencia porque ellos no entienden que esto es música de la esquina, de la calle, del pueblo. Pero el reggaetón salió por debajo con ese sucio, con el funk diciendo esas cosas y por eso salió con fuerza, pero cuidado como las multinacionales compran todos los artistas del reggaetón, no hay salsa sino reggaetón.
- ¿De dónde acá le dio por pilotar aviones y cuál es el trayecto más lejano que ha hecho y cuántas horas de vuelo lleva?
He volado a Canadá, en Brasil, en Venezuela, en Puerto Rico, antes yo llevaba la orquesta por avión, pero hoy es muy complicado por el terrorismo y la seguridad, pero todavía tengo una avioneta para pasear y hacer viajes cortos.
- Usted tuvo contacto con el Papa Juan Pablo II. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue cuando hicimos una petición ante el Banco Mundial y el presidente Clinton para perdonar la deuda extranjera a los países del Tercer Mundo. El BM presta mucho dinero a unos países sabiendo que el presidente de ese país sólo va a comprar juguetes y palacios, y muchos países luchan mucho solo por pagar los intereses porque esa deuda nunca se puede terminar de pagar. Eso es un abuso, entonces fuimos donde el Papa Juan Pablo II y le pedimos que nos firmara la petición y nos endosara y así llevarla con firmas de él y otra gente importante.

SU PASO POR CALI
Humberto Valverde, escritor y melómano, recuerda cuando le metió la mano a Willie Colón en los años 80, hecho que narra en su libro ‘Quítate de la vía Perico’.
Valverde relata que habían pagado muy caro para ver al cantante en Los Compadres y después de esperar cuatro horas, llegó y cantó sólo dos temas. Valverde se enfureció, subió a la tarima y le mandó el puñetazo al artista de origen boricua. Subió la Policía, los amigos de Valverde, los asistentes de producción, los empresarios para calmar la trifulca y entonces Colon accedió a cantar más éxitos.
“No sé qué le pasaba, si lo había cogido la megalomanía y le metí su empujón, pero eran cosas de jóvenes y locos, de hecho yo lo admiro mucho. El trombón fue fundamental en la salsa porque es lo que le cambia el sonido y Willie Colón tocaba el trombón muy bien y muy fuerte, aprendido de esa herencia afroamericana en el Bronx y Brooklyn, y ese fue el gran aporte a la salsa en Nueva York”.
El mismo Willie Colón ha admitido que él no es un buen cantante y que empezó a cantar porque como Héctor Lavoe no llegaba muchas veces a los conciertos, y de paso, él necesitaba trabajar porque tenía una familia. “Es que Willie tenía sentido de realidad, es muy claro y consecuente”, dice Valverde.
“Willie Colón es un hombre esforzado con conciencia política aunque vivió en la época turbulenta, muy centrado en la realidad social de Nueva York, fue el crítico más radical con la película de Marc Anthony El Cantante. Es un gran protagonista en el mundo de la salsa, porque es un gran músico, es el mejor trombón de la historia”, opina Valverde.
El coleccionista e investigador del fenómeno salsa Gary Domínguez admite que “no puedo decir que lo conozco porque he tenido encuentros esporádicos y fugaces con él, pero siempre a las carreras, a la salida de los conciertos, porque junto con Rubén Blades, es de esos difíciles de coger; con Rubén al menos me escribo, pero con Willie si acaso hicimos una entrevista telefónica”.
Gary atribuye esto a que Willie Colón “es muy escabullido, no porque sea prepotente sino porque es más bien tímido, y ahora que está en la política, pertenece al Consejo del estado de Nueva York, es más difícil todavía y por eso no he podido acercarme a él”.
Pero sí ha estado pendiente de su carrera, sobre todo desde que se separó de Rubén Blades y comenzó su carrera en solitario. “Al final triunfó cuando en 1979 sacó su disco ‘Sin poderte hablar’, que todavía es un éxito, a pesar de no tener una gran voz, pero es un gran músico, y sobre todo, un gran arreglista”, opina Gary.
Domínguez aclara que Colón triunfó más con sus canciones de tipo romántico y tal vez la clave estuvo en que él no se adaptó a ese modelo salsero que se puso de moda en los 90 y gracias a esas canciones es con las que sobrevive y los jóvenes de hoy lo conocen.
“Willie Colón es uno de los pilares de la salsa y del sonido de Nueva York, que se gestó desde 1965. Hoy uno ve quiénes son los que sobreviven, él y Rubén Blades, que fueron una especie de Batman y Robin de la salsa, los chicos malos de la salsa”.
Además fue muy talentoso porque supo entender el mensaje social de la salsa que traía Rubén Blades, a pesar de que él venía del sur del Bronx y Blades era un estudiante de leyes en Panamá y llegaron a grabar obras maestras como Siembra y Metiendo Mano, hasta ser ganadores de varios Grammy. Luego, supo arriesgarse a cantar solo a pesar de no tener una gran voz. “Creo que le aprendió bien a Rubén Blades porque pocos cantantes tienen la capacidad de cantar, componer y arreglar sus propias canciones”, dice Gary.
También le reconoce que es muy versátil, pues triunfó como cantante romántico y siguió manejando la crónica social de la salsa. “Es un cantante que habla igual del Sida en El Gran Varón o de la guerra de Vietnam en Tiempo pa’matar o de una noche detenido en Medellín como lo narra en su éxito ‘Especial No. 5’, dice Gary.
“En los años 80 Willie Colón vino a un concierto a Medellín y el empresario no coordinó las conexiones de los vuelos y llegaron tarde, pero cuando entraron ya el público había destruido el sitio –cuenta Gary–. La Policía, creyendo que era él el incumplido, le echó mano y lo subieron a una patrulla y lo tuvieron toda la noche detenido en la misma celda de los indigentes y a partir de esa experiencia compuso ese tema”.
Otro que le ha seguido la pista en Cali es el fotógrafo de la salsa en Cali, Carlos Alfredo Molina, dueño del museo fotográfico de la salsa del barrio Obrero. Molina, quien se ha dado el gusto de andar en las busetas y camerinos con los artistas de salsa desde los años 70, dice que ha visto al artista en cinco de las siete veces que ha venido a grandes conciertos en Cali.
La primera vez que lo vio fue el 21 de julio de 1979, cuando se presentó en el Coliseo Evangelista Mora y le tomó fotos, una de las cuales le regalaría en el 2005, en otra de las visitas del artista a Cali. “Esas tomas se las alcancé a hacer mientras Willie estuvo en la tarima porque alguien, no sé si estaba bravo, borracho, trabado o qué, pero le tiraron un pedazo de asiento y le pegaron en una pierna. Él se disgustó y no terminó el show, pero al otro día se disculpó de que muchos hubieran pagado por uno solo, en una entrevista que le hizo un amigo mío”, dice Molina.
“Al otro día los acompañé a la cárcel de Vistahermosa, donde fueron a tocar gratis en un gesto de generosidad con los presos que siempre tenía el empresario que traía a los artistas, el finado Larry Landa”, recuerda Molina.
Sin embargo, este salsómano consumado también coincide en que en el camerino Willie Colón es un tanto esquivo, un poco apartado que sólo se relaciona con los empresarios. “Es un tipo más bien serio y tranquilo, no es de los que se toma unos tragos antes de salir al escenario, jamás lo vi beber algo”.
Luego lo vio en mayo de 1996, cuando vino con la Fania All Star al estadio Pascual Guerrero, hecho que se repetiría en 1999 para una Feria de Cali en el teatro al Aire Libre Los Cristales. Finalmente, lo vio en 2005, cuando lo fue a saludar al Hotel Casa del Alférez y le obsequió la fotografía que le tomó en 1979.
Molina quiso invitarlo a visitar su museo de la salsa en el barrio Obrero, donde muchos artistas han estado, pero fue imposible porque Colón iba a aprovechar para hacerse unos chequeos médicos en Cali porque estaba muy gordo.
Colón es muy sencillo para vestir, que ni siquiera se pone uniforme y siempre canta de traje informal. “Sólo en el 96 lo vi usar saco porque él baja es a tocar, no a que lo vean cómo está vestido”. En ese sentido es muy americano, aunque en su alma y en su vena artística sea totalmente boricua.
Si algún colombiano lo ha tenido cerca es el cantante Fonseca, quien se siente el más afortunado de que Willie Colón haya aceptado grabar con él su canción Estar Lejos, éxito en este momento en las emisoras colombianas.
Fonseca lo conoció directamente cuando llegó al estudio a Nueva York a grabar su éxito a dúo, ‘Estar lejos’, luego de haber hablado por teléfono un par de veces. “Admiro mucho a Willie, en mi disco anterior yo ya había grabado Idilio, el tema cubano del que Colón hizo una versión, y saber que íbamos a grabar una canción que yo había escrito fue alucinante, una experiencia muy importante que yo todavía no me la puedo creer”, dice el cantautor bogotano.
Fonseca define a Willie como muy amable, “un bacán absoluto”, dice que en el estudio fue muy emocionante cuando grabaron las voces. “Trabajar con él y verlo trabajar es un placer porque se goza todo lo que está haciendo, propone muchas ideas, bota mucha corriente, su manera de cantar es única y estar al lado de una leyenda como él y que uno admira”.
No menos sintió cuando empezó a grabar los trombones. “Fue increíble, la canción comienza a tomar otro sabor, porque él se le dedica mucho a esa parte, pues es Willie Colón, que lleva años de grabar trombones, de grabar voces, y yo muy afortunado de estar en un estudio con él grabando la versión de una canción que yo escribí”, dice Fonseca.
“Hace poco hice una entrevista para Yo José Gabriel y me lo tenían al otro lado de la línea, hablamos un rato ahí y cantamos la canción ‘Estar lejos’, y también por Twitter le envío mensajes de vez en cuando, un saludo”, cuenta.
“Aprendí mucho de él, el hecho de haber compartido con él porque no solo estuvimos en estudio durante muchas horas para el documental que se grabó, de donde salió el video, también fuimos a dar una vuelta por Nueva York cerca al estudio para hacer las imágenes en exteriores y me contó algunas historias de su vida como que Celia Cruz fue su madrina de bodas y que cantó en la fiesta, muchas cosas de Héctor Lavoe; estar con una persona que uno ha admirado toda la vida ya es una anécdota en sí y alucinante”.
“Sin duda alguna es uno de los días más importantes que he vivido en mi carrera musical, haber estado al lado de una persona, haber llegado a Willie Colón y cada día lo más afortunado que me ha pasado”, dice Fonseca que no oculta su deseo de que puedan cantar juntos en vivo su éxito Estar lejos. “Vamos a ver cuándo se da la oportunidad de hacerlo por primera vez porque a él le encantó la canción desde el principio, por eso se metió en este proyecto, le gustó mi manera de componer y de cantar y me sentí homenajeado por Willie Colón al grabar este tema con él”, concluye.
El antropólogo Alejandro Ulloa, profesor de la Universidad del Valle e investigador de la salsa, lo vio por primera vez en el concierto que dio en el Evangelista Mora en el 84 u 85, cuando lanzó su disco ‘Tiempo pa’matar’. “Fue un concierto muy bueno, vino con toda su banda original, incluido el coro de mujeres, estuvieron muy bien afinados y con unas canciones muy bien logradas”.
Luego lo vio en el Festival de la Cerveza en el 95-96, pero Ulloa lo había conocido en 1991 o 92 en Nueva York, en una presentación en el FOB (Founds of Brazil), un club en Manhattan. “Fui con Vernon Boggs, un sociólogo y profesor de la Universidad de Nueva York que estaba escribiendo el libro ‘Salsology’, una compilación de textos sobre salsa, y ese día lo entrevistó y alcancé a saludarlo antes del concierto, que fue muy bueno, pero no más”.
En cambio, cuando fue a verlo en 2005 a una presentación en Changó, Ulloa dice que “cantó con una orquesta como improvisada y la gente hasta lo silbó, pero es que estaba muy gordo y enfermo, tuvo muchas fallas ese día y creo que le hizo perder el prestigio que había ganado con los conciertos anteriores”.
Sin embargo, lo destaca como uno de los grandes líderes de la música salsa en los últimos 40 años, como compositor y director de una orquesta que siempre ha estado a la vanguardia porque ha sabido evolucionar, “explorando diversas posibilidades sonoras, unas más afortunadas que otras, pero uno siempre espera de él propuestas novedosas, porque siempre tienen mucha calidad, así no hayan sido un éxito comercial”.
Sin embargo, Ulloa dice que no le gusta el disco que grabó con Fonseca. “Me parece la expresión de cierta decadencia. Es una propuesta romántica, pero que incursiona más en el lado pop y cuando se sale de la salsa ya es otra historia porque eso no fue lo que le dio mérito y la importancia, que fue la salsa cuando estaba muy ligado a su vida de barriada”, concluye.
Pero para otros es una muestra de su versatilidad que mantiene vigente a esta leyenda viva de la salsa

 

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